He danzado en sombras, con el sol en mi pecho, tejiendo sonrisas en un mundo deshecho. Mis manos, dos ríos, vertieron su calma, entregándome a otros, abandonando mi alma. La vida, un suspiro, un lienzo dorado, pinté con mi esencia su rostro cansado. Fui faro en la noche, fui brisa en la herida, más mi corazón llora, sediento de vida. ¡Oh, tiempo, ladrón de mis días ardientes! Mis sueños, cometas, volaron silentes. Di amor como estrellas que al cielo se aferran, y, aun así, a mi pasión al frío destierran. Las risas ajenas, mi cruz y mi canto, mi luz se encendía en su frágil encanto. Más nadie miró tras mi velo de espuma, ni vio que mi espíritu ardía en la bruma. La noche me abraza, su manto es mi hogar, y en ella susurro al destino al pasar: “Si en esta existencia mi amor fue un destello, que en otra me amen con un fuego sincero” Espero esa vida, un latir sin cadena, donde un espíritu puro mi esencia libere. No por lo que doy, ni por lo que he sido, sino por mi ser, frágil, vivo, renacido. Que me amen por dentro, con mi esencia rota, por mi corazón, que en silencio se agota. En esa otra vida, mi ser será libre, y con un amor sincero de deseo vibre. ¡Oh pasión, regresa, mi grito es un río! Mi espera es un tempano, mi ilusión un vacío. Por ser yo, tan solo, que un alma me quiera, y en su amor renazca mi felicidad primera.