Corazón vacío…

el
Desde mis incontenibles emociones,
se desgarran anhelos y aspiraciones,
alcanzables únicamente en sueños,
y entre destellos que ya tienen dueños,
veo pasar a la perdida bondad,
y al seudo pensante destilando maldad.

Frío agujero de sentimientos insanos,
que ciegan y alimentan deseos vanos,
donde el bien hacer es desterrado,
y la piedad su razón de ser ha olvidado.

He procurado ser aceptación,
y he caído en pura negación,
pues del egoísmo he conocido la raíz,
tú, cruel humano sin origen ni país.

Te miro caminar con sonrisa prestada,
mano cerrada, conciencia hipotecada,
predicas luz con la boca vacía,
mientras tu sombra comercia traición cada día.

Das solo cuando hay testigos presentes,
amas si el amor paga intereses,
abrazas si el gesto conviene,
y huyes cuando el dolor no entretiene.

¿En qué momento el dar se volvió negocio,
Y la empatía un acto sospechoso,
la misericordia ya no está de moda,
y la decencia una carga incómoda?

La virtud hoy se mide en ganancias,
la lealtad se alquila por instancias,
y el silencio se compra barato,
cuando hablar exige romper el contrato.

He visto corazones con precio fijo,
almas que se venden a quien las maldijo,
miradas que calculan cada paso,
y manos que bendicen mientras clavan el lazo.

El interés gobierna sin corona,
la envidia dicta leyes y perdona,
y la ambición, esa reina sin rostro,
devora al justo y premia al monstruo.

Pocos quedan que den sin mezquindad,
que amen sin cláusulas ni penalidad,
que sostengan al caído sin preguntar,
qué ganarán después de ayudar.

Pocos caminan con pan en la herida ajena,
sin fotografiar su acto de pena,
pocos entienden que dar es sembrar,
aunque jamás se vuelva a cosechar.

Y tú, sí tú, que lees y te incomodas,
no bajes la mirada, no esquives las sombras,
porque este verso no acusa a la tormenta,
señala al pecho y exige respuesta.

¿Das porque sientes o porque conviene?
¿Amas por verdad o porque entretiene?
¿Eres humano cuando nadie mira,
o solo actor cuando el mundo conspira?

Yo también he caído, no me absuelvo,
también he callado, también me quiebro,
pero escribo porque aún me duele,
ver cómo el alma del mundo se vende.

Este poema no busca aplausos ni fe,
es un golpe directo al “yo” que fue,
una grieta en la máscara social,
un llamado brutal a volver a lo esencial.

Porque sin bondad el hombre es ruido,
sin compasión el poder es vacío,
sin dar sin esperar recompensa,
la vida se vuelve condena inmensa.

Que duela leerlo, que arda, que queme,
que algo en tu fondo despierte y tiemble,
porque estamos a tiempo, antes de perecer,
de recordar para qué vinimos a ser.

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